Reflexiones sobre la marcha...

Os agradezco que visitéis mi blog personal, donde reflejo mis poemas y donde me comunico, salvando las trampas del espacio geográfico, con todos vosotros. Gozáis de enlaces, tanto de páginas recomendadas como de tiendas donde adquirir mi primer libro "Ocaso en la diáspora", además de presentaciones fotográficas en la zona más baja de la página. Un abrazo a todos, y disfrutad de mis versos... Me encontraréis en Facebook (Luis D. Díaz Velázquez) y en Twitter (luisddiazv). Allí mis actualizaciones al momento.

El autor, Luis Díaz







martes, 31 de enero de 2012

Las matemáticas

   Realmente no tengo ni idea de por qué lo he titulado de esta manera, porque detesto las matemáticas, todo el que me conoce lo sabe. Aún así, todos sabemos que son seguras, que son firmes, que no fallan... el amor a veces es igual: por muchas líneas de acción que tomes, una incógnita X lo seguirá siendo... espero que las dueñas de esos sentimientos del no por ser que no ni saboreen eso ni lleguen a arrepentirse, porque si hay algo mas difícil que el no es el "tarde", porque significa "pudo ser y no fue... tampoco lo será". Espero que lo disfruten. Muchos besitos, y en especial mención a la monosa, jeje. Salud.

Matemáticas

En la raíz cuadrada
de tus adentros de estructura
reina el dos por tres
de una sintonía de reyes.

En esa sintonía
lloran las corcheas,
tiemblan las semicorcheas
porque no saben cantarte
ya sino cánticos que son cantares
ya cantados por Serrat.
No saben más que copiarse de tus ojos
porque, después del fusilamiento masivo
de la última noche sin tango
en mis colchones
se olvidaron de recitar.

En la raíz cuadrada 
de tu historia no escrita
escribe el manco de Tartessos...
que llore la tabla del tres
de quien no conoce otro rostro
que tu rostro,
de quien no ama otros amores
que tus pasionales "y me llevo una",
de quien se llenó de vacío
en el parque con columpios tristes
de tus entrañas.

Luis Díaz

miércoles, 11 de enero de 2012

Actualizando, igual que la vida...

Buenas tardes; lectores y lectoras:

   Por fin saco diez minutos para actualizar esto. Entre examenes de febrero y demás asuntos que aparecen todos los días y que requieren tiempo... (si, como vosotros y vosotras opino que debería comprarme un coche). 

   Pues bueno, después de aquellos recitales junto a Yeray Barroso (www.yeraybarroso.com) y Anghel Morales, he dado un poco de velocidad a la escritura, la tenía algo parada y ya las musas estaban pidiendo que les hiciese algo de caso, que se sentían olvidadas. Poco a poco he ido recopilando cositas sueltas que tenía por aquí y pasándolas a este formato, por lo que poco a poco las iré subiendo y compartiendo con todos y todas vosotros y vosotras, esperando que al menos os parezcan aceptables.

   Todas las etapas se acaban y hay que cerrarlas y empaquetarlas, no permitir que se conviertan en la sal de la vida y mirarlas con una mezcla entre respeto, ternura y superioridad, pues si las has pasado es porque has evolucionado. Aquí os dejo unos versos deseando seriamente que os gusten. Un potente abrazo y un sonoro beso.

Tren de lejanías


Aquellos lugares donde te viví
hoy aparecen grises...
la música que los controla
es sucia, como de gramola,
llena de unos insectos turquesa
que me conmitan a recordar
aquel latido húmedo y fuerte...

Subí en ese tren que,
con ojos vidriosos y muy abiertos,
me pediste que evitase
por todos los caminos...
que no le viese con buenas manos
por ser consejero de callejuelas
y rincones sin una salida visible.
Me recordabas una y otra vez
mientras entre mis manos reías
que sería peligroso
(pero solo para mí).


Ese sentimiento de permanencia,
ese reír, ese papel de lija
que resultó para mi escudo
ser tu sonrisa,
esa que en mi camisa dejaba restos
de recuerdos de soledad,
esa que en mi alma encajaba
como en un eclipse
podría encajar una sortija...
que daño hizo, hace...
que daño hará...

Ese tren de lejanías
directo a las malas modas,
ese documento de hierro frío
que no me permite parar...
ese tren de tus cabellos,
ese adelanto de la ciencia...
ese y solo ese es el que,
por sus ruidos y su minibar
lleno de felices y borrachos,
no te permite escucharme llorar...
no me consigue solicitar
por el bien de mis entrañas,
olvidarme de que, cuando si te tenía,
mis dedos no paraban de cantar.

Luis Díaz